¿Qué voy a hacer después de que salga de cuarto medio?

 

Es una de las tantas interrogantes que se plantean cientos de jóvenes en la última etapa escolar secundaria. Y es que elegir una profesión u oficio, que se deberá ejercer por el resto de la vida, se transforma en una de las decisiones más complejas en las que se debe enfrentar un estudiante.

Ya que no solo será decidora en el futuro profesional y vocacional, sino que es parte de la construcción de una identidad propia y social. Tarea muy compleja por lo demás.

Hoy ya no resulta inusual en que aumente la masa de alumnos que digan que les gusta todo o que no les gusta nada, y si les gusta todo, no sabrían por dónde escoger, entonces pareciese que este proceso necesita que se aborde con nuevas metodologías que ayuden a una orientación concreta y que permita una toma de decisión mucho más acertada.

Al respecto, Sergio Gómez Salazar, Psicólogo y Director Ejecutivo de Postgrado de la Escuela de Psicología Universidad Adolfo Ibáñez, señala que la participación de un orientador vocacional debiese iniciar a temprana edad, pero no necesariamente con un vínculo directo enfocado hacia una carrera profesional u otra, sino más bien como un proceso de ayuda y acompañamiento en el autodesarrollo del estudiante.

 

Pero la realidad es que hoy el orientador está en todas y en todo, el experto señala que ha visto en muchos colegios que es el psicólogo, el terapeuta ocupacional, el enfermero/a, y en definitiva las horas que tiene para poner a disposición el trabajo real de una orientación vocacional se ocupa en otras cosas más administrativas, como la urgencia del día a día, “eso es uno de los grandes déficits de los colegios”, destaca.

A raíz de esto, es que Gómez destaca el rol de aplicaciones metodológicas como las de Psicométrix, que funcionan como un soporte y ayuda concreta al trabajo actual de un orientador en aula.

 

El rol de un orientador vocacional

Sergio Gómez, señala que hoy en Chile se están discutiendo temas relevantes, y eso es una señal que hay una búsqueda constante por cambiar las cosas. En relación al rol del orientador hace hincapié que puede desarrollarse más y mejor, pero para ese desarrollo debe haber un espacio articulado con un traspaso de la metodología puestas al servicio, ya que hoy están siendo muy alejadas a la realidad actual de los jóvenes, y se pregunta “cambió el mundo, pero ¿cambiamos nosotros?”.

Aquí es cuando la elección vocacional se transforma en un espacio que está compartimentalizado en un escenario puntual de la vida para los alumnos de tercero y cuarto, en donde no ha habido reflexión previa producto de que las mallas de los colegios tampoco se abren a una posibilidad de que se creen espacios para ramos de desarrollo vocacional.

Lo esencial entonces es que los orientadores piensen en el proceso vocacional de acuerdo a esta nueva generación y con las condiciones presentes, si bien, se mantiene la linealidad de “La Teoría de Parsons”, hoy resulta urgente buscar nuevas metodologías que se puedan complementar al ajuste, asimismo atreverse a realizar nuevos procesos que permitan tanto a padres como alumnos ser educados de otra manera para desarrollar un camino más claro para el estudiante.

Y la tarea es parte de todos, tanto del núcleo familiar, como de la escuela; que si bien ya hay varios centros educacionales que ya se encargan de aportar con un espacio para el desarrollo vocacional, el aporte debiese ser para todo el espectro educativo.

Aún falta mucho por trabajar, en especial por los altos índices de deserción universitaria, que en el primer año alcanza un tasa de un 30,7% en promedio. Para ello es importante configurar un modelo de intervención, donde actualmente existen más de 12 mil áreas para estudiar y abordar con el alumno/a.

El rol activo depende de todos y en especial, de una correcta orientación vocacional.

 

Entrevista a : Sergio Gómez.

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