Conflictos emocionales y características de personalidad de los jóvenes estudiantes, deben tomarse en consideración a la hora de planear iniciativas que ayuden a disminuir la deserción y el bajo rendimiento académico que alcanza cifras alarmantes, no solo en Chile sino que en la Región.

De acuerdo al último estudio realizado por el Servicio de Información de Educación Superior (SIES) del Ministerio de Educación (MINEDUC), se estima que un 28,7% de los estudiantes que ingresan a la educación superior desertan al primer año de estudio. Ésta tónica, se da tanto en universidades como en centros de formación técnica e institutos profesionales, cuyos modelos de carreras no necesariamente responden a las demandas de todos los alumnos, por lo que en un futuro, las instituciones de educación superior deberán ir flexibilizándose.

A raíz de estos indicadores, es que en el Colegio San José de Chicureo, lograron replantearse el modelo, que aún está en construcción. Lograron pasar de un proceso lineal y esquemático – enfocado en las universidades, carreras, participación en ferias y eventos – a un modelo mucho más exploratorio de las habilidades y emociones del alumno, el cual está centrado en lo vincular y con fuertes elementos de exploración vocacional. Si bien, siguen utilizando el proceso tradicional, le están dando mayor énfasis a la exploración como Proyecto de Vida.

Al respecto, Gabriel Palacios Fernández, Director de IV° Ciclo en Colegio San José de Chicureo, señala que la orientación vocacional debiese estar enmarcada en un Proyecto de Vida más que en la elección de una carrera profesional, y destaca: “la orientación como “proyecto de vida”, es más importante para nosotros, ya que funciona como un modelo 360. Hoy, ya no es solo el rol del orientador, sino que del director de ciclo, profesores, padres, personal externo; todos van generando un ecosistema para el alumno que va entendiendo la exploración como algo natural y no como algo terrible”.

Estas instancias de desarrollo vocacional, permiten que se pueda realizar un trabajo de autoconocimiento, que debiese estar articulado a temprana edad, ya que, pese a realizar una orientación vocacional a partir de tercero y cuarto medio, la tasa de deserción sigue siendo coherente con lo que ocurre a nivel nacional.

Palacios, señala que tienen muchos alumnos, que pese a todo el trabajo que se realiza en conjunto, aun salen de cuarto medio sin saber qué hacer y precisa que no solo influye la oferta externa, sino que la falta de conocimiento interno, y eso es muy difícil de abordar en los últimos años de educación secundaria, porque el foco está puesto fundamentalmente en la PSU, en las notas y en la próxima etapa educativa.

Asimismo, recalca que el periodo de proyecto de vida u orientación, se debiese abordar desde primero básico hasta cuarto medio, y no necesariamente con miras hacia una posible decisión vocacional, sino al aprender a identificar qué es lo que les pasa emocionalmente, si tienen pena, están triste, tienen ansiedad: “que se auto-descubran es un tema bien potente”, dice. 

 

El rol de los orientadores y el trabajo con el núcleo familiar

 

Con respecto al rol de orientadores, el director de IV° ciclo del Colegio San José, señala que, por una parte los orientadores tienen dos roles claves, el primero tiene que ver con lo estratégico: con el diseño de planes, políticas, modelos, la búsqueda de instrumentos y un acompañamiento de los alumnos. El orientador debe lograr unir los aspectos personales; lo que necesitan, quieren o pueden, con lo colectivo, qué sería lo que ofrece el mercado. En el fondo que opere como un articulador de políticas, que dé cuenta de los pasos a seguir después de finalizar el cuarto ciclo.

El segundo rol, va ligado a una mirada mucho más micro e interna. Tiene que ver con el acompañamiento personal, conocer a los alumnos, levantar demandas internas, unir a las familias, acerca las instituciones, anticiparse si hay casos complejos, como alumnos con estrés, con ansiedad o depresión, estudiantes sin saber lo que quieren. Éste rol, se enmarca en un impulso del autoconocimiento del alumno, de orientar en la búsqueda de un proyecto de vida, ayudar a que descubran en que son buenos y que les gustaría hacer.

En el caso del trabajo con los padres, Palacios manifiesta que en general en el colegio realizan pocas actividades, pero tratan de que éstas sean significativas y con sentido. Recalca además la importancia de realizar talleres padres e hijo, donde se les dote a los tutores, de herramientas conversacionales para que puedan explorar en conjunto elementos de búsqueda y contención.

En este sentido, se logra un manejo fundamental de la búsqueda del autoconocimiento con un sostén en concreto del núcleo familiar. La presión para que el alumno elija una determinada carrera o proyecto de vida, solo consigue un nivel de estrés elevado y una futura deserción por no poder cumplir las expectativas al ejercer una actividad que no satisface las emociones del estudiante.

De ahí radica la importancia de realizar un correcto acompañamiento en este proceso de autodescubrimiento, donde acercar a los propios pares, cuyas experiencias sirvan de empuje en esta búsqueda, permita a los alumnos sentir una identificación y elegir lo que mejor crean para su futuro.

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