Con el auge de las tecnologías digitales y a las infinitas bases de conocimiento que se pueden encontrar en línea, cada vez resulta más importante enseñar al alumnado no tanto a memorizar o a retener la información, sino a pensar y discernir por él mismo: a aprender a aprender.

El uso de habilidades metacognitivas permite al estudiante conocer sus propios procesos, qué materias se les facilitan y cuáles no tanto, qué los motiva, por qué medios retienen mejor el conocimiento, etc. Esto les permite ser conscientes de ejercer una autoevaluación en la resolución de problemas, así como reconocer y aplicar aquellas estrategias que les dan mejores resultados.

Metacogni… ¿qué?

Etimológicamente, la metacognición se refiere a un aprendizaje que va más allá del aprendizaje, se da cuando el concepto se hace consciente y ganamos conocimiento sobre nuestro propio conocimiento.

El psicólogo norteamericano John Flavell es el padre de este término, y lo define como “el control que tiene la persona de sus destrezas y procesos cognitivos y la habilidad para darse cuenta de estos”, es decir, la metacognición sucede cuando nos damos cuenta de que estamos aprendiendo.

Por ejemplo, cuando resolvemos un ejercicio de matemáticas, primero debemos evaluar todas las herramientas que conocemos y elegir la que mejor nos funciona para resolver dicho problema, luego extraemos los datos que consideramos necesarios, organizamos la información, realizamos las operaciones pertinentes y, finalizando, evaluamos el grado de precisión del resultado. Si no fue el que esperábamos, retrocedemos sobre nuestros pasos hasta encontrar y corregir el error.

Aunque no a todos se nos dan las matemáticas (y la metacognición por suerte no se aplica únicamente en este campo), de manera general, el hacernos conscientes de las acciones que ejecutamos dentro de la resolución de problemas permite optimizar este proceso y nos ayuda a aprender mejor, así como a tomar decisiones de manera fundamentada para conseguir objetivos concretos.

Su importancia en el aula

Como mencionábamos anteriormente, la docencia basada únicamente en la memorización y repetición se torna obsoleta en un mundo donde la información es tan ubicua y accesible, por lo que se debe, más bien, educar a los estudiantes para la comprensión, la autorregulación de sus procesos y evaluación de sus acciones y decisiones.

Inculcar la metacognición en el aula permite que los estudiantes puedan más adelante aprender de manera autónoma, llevar el aprendizaje más allá de las aulas y seguir conociéndose, sus destrezas y limitaciones, durante toda la vida.

Estrategias metacognitivas en clase

Si quieres desarrollar esta habilidad en el aula, considera lo siguiente:

• Invita a tus estudiantes a dar su opinión, debatir de manera respetuosa, expresar sus dudas y a ejercitar su pensamiento crítico.

• Promueve que se lleve una bitácora, donde el estudiante documente de la manera que mejor le funcione (puede ser por escrito, fotografía o notas de voz) la forma en la que abordó el problema y cuáles fueron sus resultados.

• Anima a tus estudiantes a que expliquen sus procesos y estrategias en voz alta, y que expongan al grupo los diferentes materiales y herramientas que utilizaron para llevar a cabo las diversas tareas.

• Al terminar un aprendizaje, pídeles que reflexionen sobre el mismo: ¿Qué he aprendido? ¿Cómo he aprendido? ¿Me fue fácil o difícil? ¿Fueron mis resultados los que esperaba? Asigna un tiempo en silencio para el pensamiento y la reflexión.

• Aplica instrumentos que ayuden al estudiante a conocer sus procesos de estudio. El Perfil de Aprendizaje de Psicometrix es una excelente herramienta para que los estudiantes se conozcan a sí mismos, sus tendencias cerebrales, canales de aprendizaje y las técnicas de estudio que aplican con mayor frecuencia, con recomendaciones personalizadas de acuerdo a sus resultados.

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